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IAEPCIS Institutos de Altos Estudios en Psicología y Ciencias Sociales

Director: David Maldavsky

 

Estudio exploratorio del estrés laboral y trauma social en los empleados bancarios durante el “corralito”
Sebastián Plut

Mi investigación apunta a estudiar parte de los efectos de la crisis ocurrida a partir del 3 de diciembre de 2001 con la implementación de un conjunto de medidas económicas por parte del Gobierno Nacional (lo que se dio en conocer como el “corralito”).
El objetivo general es investigar, a partir de una situación de crisis social específica (el denominado “corralito”), los efectos inmediatos en el discurso en un colectivo de trabajadores en particular (“empleados bancarios”).

El material analizado deriva de un cuestionario completado por cada uno de los miembros de dos sucursales (ocho en una y cinco en otra) cuyas respuestas fueron analizadas con el algoritmo David Liberman en dos niveles de análisis: palabras y relatos

Síntesis de los resultados

El análisis realizado ha permitido identificar cuatro lenguajes relevantes (intrasomático, anal secundario, fálico uretral y oral secundario) así como dos interrogantes: uno referido al lenguaje fálico genital, el cual tiene una importante presencia en el nivel de las palabras pero no en los relatos y otro referido a la baja presencia del lenguaje sádico anal primario (en ambos niveles de análisis).

Erogeneidad
intrasomática

La cosmovisión reflejada en los textos escritos por los empleados presenta un futuro signado por una tensión duradera e insoportable o bien como una astenia sin término. Ello incluye la amenazante imposibilidad de hacer frente a las deudas, el desinterés en realizar inversiones o bien la hemorragia económica y un resignado intento de retirar –en el caso de los Clientes- el poco dinero que pudieran de las cuentas. También se presenta como amenaza de desempleo (con la única aspiración laboral de una precaria continuidad), como impaciente espera de mayor celeridad en las respuestas de sectores centralizados del banco (que se traduce en presión constante hacia los empleados), o como posición pasiva y expectante de un cambio económico financiero del país. Para los Empleados, el futuro también se presenta como interminable exigencia de cada vez mayor rendimiento y productividad.

Erogeneidad
anal secundaria

El lenguaje anal secundario figura una escena en la que emerge el deseo de dominar un objeto carente de orden e incorrecto o bien como estado de desesperanza, duda e ignorancia interminable. Es decir, cobran relevancia la pérdida o falta de un soporte institucional, la necesidad de recuperar un trabajo organizado, la ausencia de normas que permitan saber-hacer y de criterios eficaces para valorar los propios méritos y la sensación de ser parte de un todo sin valores, ni prestigio ni ningún rasgo distintivo.

Se advierten las demandas de información así como la imposibilidad de hallar soluciones Asimismo, cobra importancia la incomprensión por el abrupto cambio en las reglas de juego. Otro elemento que se deriva de la confusión es la dificultad para pesquisar la corrupción subyacente. Desde el Banco, además, persiste el requerimiento hacia los Empleados del cumplimiento de los objetivos.

Erogeneidad
fálico uretral

En cuanto al valor del lenguaje fálico uretral, mayormente se presenta como vivencia de zozobra y pesimismo, sentimiento de impotencia, refugio en la rutina, hipertrofia de la competencia (con una visión superficial del futuro y la exterioridad) y una dependencia impotente de un exterior sobre el que no se podría actuar. En lugar de los proyectos a futuro resulta un mañana igual al ayer, es decir, un futuro en el que prevalece un encierro rutinario, de mero acostumbramiento a lo mismo.

Erogeneidad
oral secundaria

El lenguaje oral secundario muestra el sentimiento de soledad y abandono, la vivencia de desamparo, la necesidad de contención, el anhelo por un paraíso perdido y la postura sacrificial.
Los Empleados esperarían un respaldo afectivo desde el Banco como compensación o respuesta al caos. También se manifiesta como supresión de los propios deseos y expectativas a partir de la fusión (identificación) empleado-banco. Con ello, entonces, quedan interferidos tanto los deseos de crecimiento laboral como los requerimientos o reclamos hacia la institución. En su lugar (de los propios deseos e intereses) queda exacerbado el “dar” (la entrega).

Por otro lado, es interesante examinar no sólo el repertorio de erogeneidades hegemónicas sino, a su vez, las combinatorias entre ellas. Esta combinatoria permite comprender con mayor fineza la lógica de la constelación erógena.

Combinatoria entre
erogeneidad
intrasomática y
fálico uretral

El enlace se da en cuanto el desinterés económico se traduce en pérdida de un intercambio intersubjetivo entre unos que preguntan y otros que funcionan como brújulas orientadoras de las inversiones. Asimismo, el panorama de miseria y hemorragia dineraria introduce un sentimiento de pesimismo que conduce al refugio en una rutina impotente. Anhelo de un futuro cerrado e idéntico a lo anterior en el cual resultaba eficaz el ideal de la ganancia. A su vez, el futuro de rutina y pesimismo conduce a la única aspiración de una precaria continuidad laboral que permita ya no un camino para los propios proyectos sino un escaso sustento económico.

Combinatoria entre
erogeneidad
anal secundaria y
oral secundaria

La función institucional de sostén y la pérdida de este soporte, se presenta o bien como requerimiento de ingentes sacrificios o bien como sentimiento de desamparo. En rigor, a medida que desaparece el respaldo institucional, se incrementa la tendencia al sacrificio (por parte de los Empleados) y con ello estos van quedando invadidos por un sentimiento de desamparo. Tendencia de los Empleados a sustituir con el propio esfuerzo (y a la espera de un respaldo afectivo) la falta de soporte institucional. Asimismo, la persistente falta de respuestas –hacia los Clientes- resulta un factor de incremento de los reclamos de estos hacia los Empleados y, presumiblemente, de un correlativo incremento de sentimiento de culpa y tormento moral de estos últimos.

Combinatoria entre
erogeneidad
intrasomática y
oral secundaria

El estado disfórico inherente al lenguaje intrasomático resulta una vía por la cual se incrementan la impaciencia y la supresión de los propios deseos egoístas y narcisistas (ambas como expresión disfórica del lenguaje oral secundario). Se presenta como relación entre crisis financiera y necesidad de contención afectiva. Es decir, la pérdida del ideal de la ganancia promueve un incremento del sufrimiento y del sentimiento de desamparo. A su vez, los Empleados tienden a incrementar su posición sacrificial como vía para mantener el equilibrio económico de la entidad.

Combinatoria entre
erogeneidad
intrasomática y
anal secundaria

La pérdida de rasgos distintivos al interior del sistema financiero reúne desenlaces disfóricos para los lenguajes intrasomático y anal secundario (al desaparecer los signos de prestigio institucional diferenciador y el afán especulador). Se presenta como agotamiento físico por la persistencia de la exigencia de cumplimiento de objetivos que son centralmente económicos. Asimismo los cambios en la normativa afectaron principalmente a la función económico financiera que los Bancos cumplen en el marco de la sociedad.

Combinatoria entre
erogeneidad
fálico uretral y
oral secundaria

La pérdida de los criterios para el desarrollo de las propias ambiciones y la carrera profesional se traduce en una exigencia de mayor compromiso (sacrificio). Por otro lado, la perspectiva de un futuro cerrado se presenta como magra opción de amparo afectivo. En suma, se da una relación entre un futuro cerrado carente de proyectos y una oscilación entre el sacrificio y el sentimiento de desamparo.

Combinatoria entre
erogeneidad anal
secundaria y fálico
uretral

La ausencia de normas claras promueve un efecto de desorientación así como infructuosos  intentos de salir de la incertidumbre. Todo ello, a su vez, resulta un factor promotor del pesimismo.

Quisiera centrarme ahora en el problema de los dos lenguajes cuya ausencia se revela significativa. El fálico genital, dada la diferencia entre el peso que adquiere en el nivel de las palabras y la baja proporción con la que aparece en el nivel de las secuencias narrativas. El lenguaje anal primario, en cambio, por su baja proporción en ambos niveles de análisis (palabras y relatos). El interrogante referido al lenguaje fálico genital, entonces, surge del análisis mismo, del contraste entre los resultados en uno y otro nivel, mientras que el interrogante sobre el lenguaje sádico anal primario deriva del contraste con los hechos. Es decir, ¿por qué y cómo ocurre que una situación social de injusticia no halla una representación acabada (figurabilidad) en el discurso?

Comenzaré entonces por analizar el problema del erotismo fálico genital. Cuando Maldavsky (1998c) examina el procesamiento económico de la genitalidad establece un enlace entre dos erogeneidades a propósito del surgimiento de los estallidos de asco: la genitalidad y la erogeneidad oral secundaria. El asco condensa dos significatividades, una de la gama de la tristeza o el dolor (como cuando se dice “qué disgusto”) y otra de la gama del displacer estético (como cuando se dice “qué mal gusto”). Por ello, refiere que el erotismo genital comienza a adquirir cualificación y dimensión psíquica a partir de un préstamo tomado al lenguaje oral secundario.

El estudio del lenguaje del erotismo fálico genital presta atención a la maleabilidad, es decir, a la tentativa de modelarse plásticamente según la imagen del modelo. Este proceso puede conducir a una deformación total de la imagen o bien puede detenerse en un punto intermedio. También puede ocurrir que el fracaso en el afán de moldeamiento conduzca a la adopción de una fijeza de una forma culturalmente reconocida a costa de la pérdida de la flexibilidad anímica. En este punto podemos preguntarnos por el valor anímico de la denominada “convertibilidad”. Es decir, ¿qué ilusión promovía la convertibilidad? ¿acaso la ilusión de identificación con un modelo? ¿por qué no pensar la “convertibilidad” como un deseo de moldeamiento?, ¿qué significó entonces la pérdida de la convertibilidad? Conjeturo que la crisis financiera promovió el sentimiento de inferioridad derivado de la pérdida de identificación con un modelo (el dólar, el primer mundo, etc.) a partir del fracaso de la convertibilidad.
Así, la falta de un nombre 1 con el cual ligar el erotismo fálico genital conduce al fracaso de esta tentativa de moldeamiento y sume al sujeto en un estado de duelo. En suma, la pérdida de un objeto y/o la condena del superyó conducen a sustituir una armonía estética por la aparición de una imagen carente de forma. Finalmente, se genera entonces un estallido de la coherencia estética por la intrusión de un contenido desmesurado con el consiguiente efecto de fragmentación de los elementos que componen aquella armonía.

Tal como he dicho, entonces, el procesamiento anímico del erotismo fálico genital toma prestado algunos elementos del lenguaje oral secundario lo cual conduce, cuando ocurre un fracaso en la ligadura del erotismo fálico genital (con las sucesivas decepciones) al regreso de lo sofocado. En tal caso se desarrolla una hipertrofia del lenguaje sádico oral secundario como vía expresiva de la genitalidad. En su lugar, entonces, se presentan vivencias de soledad, frío y desconexión respecto de un dador que no inviste al sujeto o bien una vivencia de acercamiento intrusivo, violento y carente de encantos.

Podemos conjeturar, por lo tanto, que la situación crítica del “corralito” impactó de modo traumático en la imagen que los empleados –en tanto pertenecientes a una entidad valorada- tenían de sí mismos. Al constituirse los propios Empleados como “respaldo” de la institución, ello sigue la línea de la identificación con el Banco, pero ya no como modelo que les aporta una imagen grandiosa de sí mismos, sino a partir de la anulación del propio egoísmo.

En algunos casos de modo más evidente y en otros más colateral, aparecen expresiones relativas a la individualización o fragmentación. Mientras la organización, las reglas y normas eran estables se daba un tipo de individualización ligada con el lucimiento y los méritos ante una institución que podía “observarlo” y valorarlo. Es decir, se lograba un encuentro entre un estado inicial para dos lenguajes: anal secundario y fálico genital. En cambio, a partir de la instauración del “corralito” la fragmentación e individualización adquiere un matiz negativo, ya no como lucimiento personal sino como vivencia de abandono, soledad y desamparo por pérdida del amor y protección del Banco. En tal caso, ya no sólo cambia de signo la individualización sino que, además, pasa a constituir una escena inherente al lenguaje del erotismo oral secundario.

Pasemos ahora al análisis de la erogeneidad sádico anal primaria. He comentado previamente que este lenguaje ocupa un lugar reducido tanto en el nivel de las redes de signos como en el de las secuencias narrativas. No obstante, por el tipo de situación de vivida (en la cual prevaleció cierto tipo de injusticia así como también ocurrieron episodios de violencia) y por el contraste con estudios que examinan problemas similares, entiendo que resulta pertinente considerar la significatividad de un lenguaje por su ausencia, entendida como perturbación en la figurabilidad.

Desde el punto de vista de los procesos retóricos, para este lenguaje la palabra tiene el valor de un acto que pretende adueñarse de las decisiones ajenas (una orden, por ejemplo). Es decir, se trata específicamente del componente pragmático del lenguaje lo cual incluye el problema de las contradicciones pragmáticas. Si bien las contradicciones pragmáticas pueden formar parte de nuestra cotidianeidad, nos interesa destacar sobre todo aquellas situaciones en las que se genera ese tipo de vínculo particular (doble vínculo) en el cual quien recibe las órdenes (contrapuestas entre sí) no tiene ninguna de las opciones resolutivas (sea el cuestionamiento o la fuga). Recordemos también que el deseo inherente a este lenguaje es el deseo vengativo que conduce al despliegue motor aloplástico (cuya finalidad es el doblegamiento de la motricidad ajena). Dado que nos estamos preguntando cuáles podrían ser las razones que obstaculizaron la expresión de este lenguaje en los Empleados bancarios durante el “corralito”, debemos advertir que la localización del “enemigo” o rival no era tan evidente, y ello en dos sentidos: por un lado, pues la “victima” visible era más bien el público (enfurecido, estafado, etc.), por otro lado, si fueran los Empleados los que hubieran procurado una venganza (o una forma más complejizada de la justicia) ¿respecto de quien hacerlo? ¿de los Clientes, del Banco o del Estado? La primera observación remite a quién estaba en posición de desplegar la venganza o el sentimiento de injusticia, mientras que el segundo punto refiere más bien al destinatario. En otras situaciones traumáticas, por ejemplo una guerra, el lugar del enemigo resulta una posición claramente identificable. En cambio, en el caso que nos ocupa, es como si hubiera un grupo de personas en una trinchera sin poder saber bien contra quien debían pelear.
Puedo agregar entonces, que los Empleados bancarios padecieron un múltiple entrampamiento, entre los cuales en este momento deseo subrayar el pragmático: como dijera un Empleado –en un pasillo- tenían que “defender lo indefendible”. Lo “indefendible” admite al menos dos comprensiones. Por un lado, como referencia a lo injusto (lo cual pudo ser expresado sólo en un pasillo). Pero a la vez, entiendo que también pone de manifiesto una pregunta acerca de quien defiende al indefenso.

En suma, pérdida del soporte institucional, supresión de los propios deseos narcisistas y egoístas y perturbación de la figurabilidad del sentimiento de injusticia. Esta hipótesis se sostiene, además, en la formulación de Freud cuando al hablar de las melancolías señaló que “sus quejas son realmente querellas”.

1- Tengamos presente que la pérdida de la convertibilidad no dio lugar a un nuevo nombre para denominar la nueva situación sino que es reconocida, precisamente, como “pérdida” o “salida” (de la convertibilidad).


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